DIARIO DE VIAJE A VIETNAM Y CAMBOYA
¡Y yo sin mi agente naranja!
CAPÍTULO 20
Descubriendo los templos(Angkor Wat)
Pocas horas más tarde, a las 6.15, nos despertamos como dos monstruos. Eva tiene los morros hinchados y rojísimos y yo los ojos a la virulé. Me dice que no ha dormido casi nada, así que imagino que le empezarían los picores fuertes más o menos a la misma hora que a mí. ¿Habremos cogido alguna extraña enfermedad tropical? Nos estresamos. Al rato Eva cae en la cuenta: la mosquitera estaba impregnada de insecticida ultra fuerte y la habíamos manipulado como si estuviéramos probándonos cosas en el Zara, y nos lo habíamos repartido por la cara dejándonos la cara hecha un cristo.
Pedimos que nos cambiaran a una habitación con aire acondicionado (que no le gusta nada a los mosquitos) y nos dieron una donde se acababan de ir las guiris más cerdas del mundo. No nos explicábamos como se podía generar tanta mierda en una sola noche.
En la terraza donde desayunamos, el camarero es majo y atento pero nuestra atención va a la verruga de su cuello y al geranio que la corona. ¿Diox, será un símbolo de pureza de casta? ¿En Camboya está prohibida la venta de tijeras y navajas para amputar esos engendros? ¿Será un tipo pegado a un geranio? Desayunamos tratando de olvidarlo. Pagamos mitad en rieles mitad en dólares, porque allí pagas en una moneda y te devuelven una macedonia de cambio alucinante.
Pasamos por la gasolinera para comprar algún snack ya que no estamos dispuestos a que nos den el palo como el día anterior con las hamburguesas de fraude, pero como estamos hasta arriba no nos apetece nada y nos conformamos con botellas de agua y unos cacahuetes o algo así ligero pero contundente. También sacamos dinero para todos. Saqué perras yo, que se piensan que estoy forrada. Un mes más tarde al ver el extracto, me tuvieron que implantar un by-pass .
Salimos de nuevo para Angkor. Nos han cambiado a uno de nuestros conductores, que vino a decirnos que la mujer estaba embarazada y que tenía que llevarla al médico. Nunca más supimos de él, pero nos dejó un buen sustituto. Eva y yo vamos delante y cuando nos vamos acercando, el tipo para el mototaxi. Mira hacia atrás y no viene ni diox. Llama por el móvil y nos dice que el tuktuk de Iker y Nacho ha pinchado. La suerte del enano, lo que yo digo. Nos bajamos, pero no podemos ir muy lejos porque estamos en un puesto de guardas que aprovechan para pedirnos muy amablemente la identificación y soltar unas palabrillas en inglés. ¡Son majísimos! Al cabo del rato, llegan estos dos, descojonados.
Nos llevó a varios templos que nos gustaron mucho. En el primero de ellos vimos a una banda de músicos que compartían todos una característica: eran mutilados de minas antipersona. No había ninguno entero pero tocaban de puta madre, claro que sólo lo hacían cuando nos acercábamos, no creo que tuvieran mucho interés en tocar para los monos ni para las polillas gigantes que no les iban a soltar un pavo.
Entramos en el primer templo, estaba en restauración. Este era de los que estaba más sobre el suelo sin las escaleras interminables al cielo de muchos otros.
esperando a Iker y a mí, que aprovechaba y chinchaba con él o me perdía XD
Fuimos a una especie de terraza al lago que había enfrente de la salida. Ahí había habido más cosas pero quedaba bien poquito. En su lugar había tiendas y niños jugando. Tiene que molar vivir ahí.
Cogimos el tuk tuk y nos fuimos a nuestra siguiente parada. ¡Este sí que era alto!. Atacamos la escalera unos con más ímpetu que Eva, que se quedó abajo mirándonos y abanicándose como si fuéramos sus gladiadores o algo. Arriba en el interior estaba el budilla feliz con sombrilla y todo y por supuesto unas vistas chulísimas de la selva.
Bajamos con mucho cuidado de no descalabrarnos y nos fuimos a uno de los templos que recuerdo el nombre: Banteai Shrei. Este templo estaba como a 30 kilómetros, que los hicimos con el mototaxi y de los que nuestras tetas también guardan ciertos recuerdos antipáticos, aunque molaba mazo ir viendo los campos camboyanos, a veces en la selva, a veces de cultivos. Con sus bueyes de agua y sus casitas palafito, con los hombres trabajando y las mujeres cuidando de los niños. Llegamos al templo, donde había el aluvión de turistas que ya preveíamos y más mutilados esperando propina mientras nos obsequiaban con coplillas conchinchinescas. No paraban de tocar y, claro, no paraba de llegar gente.
Banteai Shrei es el templo de las mujeres, porque se considera que sólo los finos dedos de una mujer podían haber hecho las tallas tan finas y delicadas que tiene. Nos perdimos por el templo, que es una delicia y se notaba que no estaba en el mismo centro de la selva porque estaba bastante bien conservado, al menos, en comparación con el resto. Estuvimos allí un buen rato deleitándonos con las tallas y con la música mientras esperamos a que Iker acabara de hacer el book al templo. Si alguno se destruye, gracias a Iker se podrá reconstruir al detalle. El calor era del que hace que los lagartos se pongan a la sombra. Nosotros somos más masoquistas.
Tras husmear hasta la última piedra, volvimos a nuestros tuktuks y camino de otro templo le pedimos al tipo que nos parara en unos baños porque nos hacíamos pipí (y las pastillas de la malaria también nos provocaban popó). Nos paró en unos que estaban al lado de otro mini sector con monumentillos. Es que nadie se puede hacer a la idea de lo grande que es Angkor y lo inconmensurable que tuvo que ser en sus buenos tiempos. Vinieron unos niños a vendernos cosas. Estábamos un poco hartos y nos pusimos a imitarles. La madre de uno se pilló un cabreo de cojones. Que no den la matraca, coñe, ¡que no podemos dar a todo el mundo! Unas niñas nos persiguieron para que les compráramos unos pajaritos hechos con hojas de palmera. Nos persiguieron hasta que el mototaxi estaba arrancando y al final una nos metió una ahí diciendo: «¡Present!». Nos sentimos fatal ¬¬.
Y fuimos a otro templo que estaba súper chulo. En otra época debía haber estado lleno de agua, pero ahora había como patios en las presuntas fuentes (o estanques). Era bastante extenso y amurallado por fuera.
Camino de Ta Promh, nos cayó otra tormenta sorpresa típicas del sudeste. Lo gracioso del asunto fue que los mototaxistas pararon las motos y empezaron a echar unos tolditos para que no nos mojáramos. Nos encantó ver como un toldo con un corazón recortado en medio tapó a Iker y a Nacho en un pis pas, jajaja.
Después llegamos a uno de los más famosos de los templos de Angkor: Ta Promh. Decidimos echar un vistazo a los chiringuitos de enfrente, donde un grupo de mujeres ya nos estaban gritando precios. ¿Qué es lo que oímos? ¿Un dólar por la comida? Vamos raudos, las pavas tiran de unos y de otros y se pillan unos mosqueos de cojones. Al final nos quedamos con una que nos daba muy buen precio y comimos unos tallarines con pollo que nos supieron a gloria. Nos habíamos acabado los cacahuetes en un pispas y había hambre.
Había mogollón de niños, y nos pusimos a hablar con unos. Iker y yo les hicimos unos dibujos que acabaron con sus ganas de vivir. ¡Que horror de dibujos les hicimos!. Uno de ellos era un gnomo que se parecía a Pedro Ruiz, no digo más. Nos fuimos avergonzados al templo temiendo un castigo divino y el Buda de la entrada puso cara triste.
Ta-Promh es famoso por un par de motivos, el principal es que es el templo que más ha sido tragado por la jungla. El secundario es que es parte de una famosa escena de Tomb Raider, donde por lo visto sale Angelina Jolie de una ventana al lado de un árbol de medio milenio. Estamos acojonados de ver como la naturaleza ha ido destruyendo muros y tejados. ¡Es increíble!. Hace un calor infame y tenemos los poros como el Vesubio, pero estamos flipando. Se oyen toda clase de pájaros y animalillos, la pena es que no se les ve entre la vegetación. Iker si ha enloquecido en Banteai Shrei, ahora está con un callo en el dedo del tamaño de Malasia de tanto hacer fotos. Nos encanta Ta-Promh, y el apetito voraz de la jungla más aún. Nos encantan menos las hormigas formato Godzilla que se les subieron a Nacho y a Iker cuando les hice una foto en un mal lugar, pero estuvo bien. Eva tiene el pelo completamente como una cortesana del siglo XIX. Me chiflan esos tirabuzones que le salen.
Ella los detesta y se ve como una coliflor xD.
Salimos e Iker que sale 3 cuartos de hora más tarde dice que si ya nos volvemos al hotel. Eva es feliz, un minuto más de jungla y se hubiera consumido como el niño tóxico de Tim Burton cuando le sacaron al campo. Nos vamos. Son como las 4 y llevamos casi 9 horas de templos. Vamos al hotel a ducharnos, ponernos mangas largas anti-malaria y a untarnos más insecticida. Observamos que la hilera de hormigas del día anterior hace un recorrido de unos 7 metros subiendo 2 tramos de escaleras. Eva está deseando que la llevemos al mercadillo donde estuvimos el día anterior.
Tras descansar un rato, ducharnos y acicalarnos, vamos al mercado, a expoliarlo como se merece. Damos mil vueltas, y compramos de todo: camisetas, marionetas de sombras chinescas, bolsos, monederos, pañuelos… Todo es susceptible a nuestro consumo. Además el sitio está medio vacío! ¡Qué joya! Nos explayamos pero bien y salimos hasta mareados. Nos hemos dejado cosas pero esperamos un segundo round al día siguiente antes de dejar definitivamente Camboya. Cenamos de nuevo en la gasolinera, ¡qué huevones!. Estamos reventados, ni cervezas ni hostias. Nos vamos a dormir sobre las 11 que al día siguiente hemos quedado a las 8 y tenemos que ver como conseguimos meter todo ese botín en las mochilas… What a mess!