DIARIO DE VIAJE A VIETNAM Y CAMBOYA
¡Y yo sin mi agente naranja!
CAPÍTULO 16
El bar de la fuente de colores (Ho Chi Minh City)
Nos despertamos sobre las 7 a bordo del tren. Nos dan el desayuno, que es un bizcochito que está rico y seco como los páramos del infierno. Tras media hora de ir avanzando lentamente entre las casas vietnamitas, que están a 1 metro escaso del tren, por fin se detiene: estamos en Ho Chi Minh City, antiguamente conocida como Saigón.
La estación de Saigón no nos parece muy allá para una ciudad de 12 millones de habitantes. Salimos y regateamos un taxi hacia la “calle de las agencias” que resulta ser también la calle de los hoteles para guiris cutres como nosotros. Una vez en el taxi, descubrimos que uno de los agujeros de la capa de ozono estaba justo encima de esa ciudad (otro en Bangkok y otro en el Cairo, pero este último el más grande sin duda) que sin duda, dejaba pequeña a Hanoi. El volumen de motos que circulan es mucho mayor que en Hanoi. Los edificios, menos auténticos y más comunistazos… en definitiva, es una ciudad más fea que Hanoi.
Mientras flipamos por el tráfico, el taxista echa un gapo verde por la ventana que hace que a Eva se le ericen todos los pelos y se ponga a despotricar contra el menda, que seguía conduciendo sin darse cuenta de esa andanada de improperios que le estaba cayendo encima.
Llegamos al sitio cuando descubrimos, para variar, que si nuestra agencia se llama Kim Phuk, hay 800 agencias iguales o con las variaciones “kim phut” “king Phuk” “Kin Ruth” y varios miles de adaptaciones para engañar a los turistas retrasados o poco avispados. Estamos confusos, no sabemos si buscar hotel primero o reservar la excursión al Mekong del día siguiente, porque si perdíamos plaza, teníamos que saltarnos todo el Mekong e ir directamente a Camboya por culpa del maldito retraso causado por el tifón Pabuk, así que decidimos probar todo a la vez. Tanteamos el precio de las agencias mientras cruzamos la calle de acera a acera según nos van llevando los vietnamitas que nos están ofreciendo alojamiento. Una tipa nos ofreció lo más barato que encontramos y al llevarnos nos metió por el pasadizo secreto de unos soportales que llevaban a otro pasadizo dentro de los patios interiores de otro edificio donde ya le dijimos que nos dábamos la vuelta, que queríamos alojarnos en algún sitio que de noche no se pareciera al entorno del Resident Evil.
Al final contratamos la excursión por 22 dólares (yuhuu!) en una agencia que nos parecía de fiar y cogimos un hotel grandecito al principio de la calle. Tampoco nos iba a dar tiempo de ver mucho Saigón.
Dejamos las cosas en nuestras dos habitaciones sin ventana que eran el hábitat perfecto para el cultivo de musgos. Aprovecho un segundo para lavar varios cientos de bragas y alguna camiseta apestosa que rápidamente tiendo por toda la habitación gracias a la cuerda que llevaba preparada para ese menester. Y nos vamos a comer, que ya eran casi las 4 de la tarde.
Cerca del hotel encontramos un restaurante para guiris que nos sedujo por su carta variopinta de comida viet y occidental, y mogollón de batidos. La carta es muy completa. Pedimos varios platos de hamburguesas y pasta y se lo comunicamos a una camarera de los 7 que había. No contentos con darles el nombre y número de plato, le señalamos la foto en el menú. La camarera sube a la cocina. Somos los únicos clientes del bar, dada la hora que era y la hora a la que los guiris suelen comer, así que suponemos que tardarán poco. Nacho ojea la librería de “book exchange” que hay, porque hay guías de viaje y varios títulos interesantes…
Pasan 20 minutos en los que no paramos de oír gritos. Nos traen por fin nuestros platos antes de que acabe esta era en la que vivimos. No han acertado ni uno. A las hamburguesas les falta queso, bacon o la hamburguesa. La pasta no lleva la salsa que se le presupone en la foto… En fin, ¡el desastre!
Se lo decimos a la camarera que nos dice que no, que hemos pedido eso y cuando la decimos que traiga la libreta vemos que no ha apuntado nada a derechas. Empieza a gritar a los demás y se empiezan a gritar todos entre ellos y a subir y bajar de la cocina. Los gritos al cocinero fueron tan míticos como replicados, que directamente manda a la mierda a la camarera. Suben todos los platos (menos el de Eva que no había llegado) y al rato vuelven a bajar todos sin coincidir, pero ya pasamos de protestar porque vemos que no veremos más de Saigón si volvemos a quejarnos. Y más tarde llega el de Eva, cuya carbonara por arte de magia se había convertido en bolognesa, pero tampoco dijo nada. La verdad, nos reímos bastante de la situación, aunque casi nos comemos una mesa de hambre. Al traernos la cuenta, pues todo mal. La rehacemos, se gritan, nos odian, y nos vamos.
Si Marx levantara la cabeza… la atropellaría un ciclotaxi xD
Entramos en un locutorio con internet a comprar el vuelo Siem Reap-Bangkok. Nos soplan 100 eurazos, pero por lo visto es peligrosa la frontera Camboya-Tailandia y ese aeropuerto en concreto, es el más caro del sudeste. Claudicamos con Bangkok Airways. Decido comprarme las Lonely Planet de Japón y la India por 7 dólares las dos. Es como si llevara una bolsa con 7 kilos de bragas, pero por ese precio merece la pena. Por supuesto son fotocopiadas, pero se ven de puta madre y las jodías vietnamitas llevaban toda la colección a cuestas, en columna. Estuvimos babeando con todas. Iker se pilló la de Camboya, por un precio ridículo.
Saigón, sus pros, sus contras y sus tendidos eléctricos (Nacho me falló y no puso cara de electrocutado)
Aquí vemos a un lozano súper modelo con camiseta de Armani promocionando la marca DIÉSELO
Visitamos Saigón, lo poquísimo que podemos. Echamos a andar en una calle céntrica viendo coches y más coches. Las tiendas fashion son de morirse de terror. Los edificios feos. Miles de motos. Pero bueno, se nota que está bastante viva, así que tampoco la odiamos. Al cabo del rato de andar, decidimos sentarnos en una terraza pintoresca y tomar algo. Nos quedamos perplejos, porque la terraza tiene una fuente horterísima en medio y todos los asientos están orientados a ella.
La cara de la desolación absoluta XDDDD
A los 5 minutos de estar allí empezamos a percatarnos de que todo es bastante rarito… Nos han puesto unos cacahuetes y un té frío gratis con la consumición… Han llegado 2 tíos y se han sentado frente a la fuente (no quedaba otra) y luego un par de parejas, más de lo mismo. No sabemos si nos hemos metido en un bar de ligar o un bar gay o que, el caso es que nos da la risa tonta que se convierte en el despolle absoluto cuando encienden la fuente con sus luces de colores.
Sí, eso es lo que teníamos enfrente XDDDDD
La venganza de los cebollinos asesinos
Nos vamos, tenemos hambre, ya y nos da miedo que nos quieran follar en la fuente. Damos un pequeño rodeo para volver a la calle de los guiris donde vemos un cine con un cartel digno de Bollywood. Nos metemos en otro restaurante que tiene terraza en el primer piso y unas pizzas con una pinta estupenda. Estamos alucinando porque nos traen todo a la vez: ¡milagro! Pedimos unas cervezas y somos felices. Aquello es guirilandia pero bueno.
Al bajar a la calle hacemos unas compritas… Cae una camisa china de manga larga por los maléficos mosquitos maláricos. Al volver al hotel, Eva y yo regateamos unas Lonely Planet de Europa que nos salen a 5 dólares cada una. Definitivamente cojo escoliosis, pero no puedo resistirme a esos precios del pirata garrapata.
Volvemos al hotel. Mi ropa interior no está seca por esa humedad infernal y la habitación parece el patio trasero la 13 rue del Percebe de toda mi mochila tratando de secarse. No tenemos agua para nuestra primera toma de malarone. Bajo en gayumbos a por agua, me cuesta encontrar una tienda abierta y la calle asusta, son casi las 12 de la noche y los guiris hace tiempo que están roncando, así que no me queda otra que no regatear mucho, pero tampoco me sale tan mal.
Subo, aparto las bragas colgantes, me meto en la cama, abrazo a Eva para que se ase más aún y zzz…zzz…zzz.